Crónicas viajeras, opiniones, historias y el mundo visto desde Belsize Square.

Tuesday, March 01, 2005

Fútbol, polítca y el Gran Hermano

Corren tiempos autoritarios, lo mismo en el fútbol que en la política. Tony Blair pretende acabar con el ‘habeas corpus’, la presunción de inocencia y la independencia del poder judicial, de modo que el ejecutivo puede limitar por sí solo la libertad de movimiento de los ciudadanos. Y al mismo tiempo la policía interviene para expulsar a Mourinho del Estadio del Milenio de Cardiff por supuesta ‘provocación’ a los hinchas del Liverpool. ¿Hasta dónde vas a llegar, Gran Hermano?. La intervención ‘futbolísitica’ de las fuerzas del orden ha significado tal revolución que la federación inglesa no ha tenido más remedio que matizarla, y elaborar una versión oficial según la cual se tartó de una ‘acción coordinada’ entre el cuarto árbitro del Liverpool-Chelsea y el jefe de la policía de Gales del Sur presente en el estadio, tras ‘informar’ y obtener el ‘consentimiento tácito’ del árbitro de la final copera. Extraordinario, se mire como se mire. En el caso de las restricciones a las libertades civiles, el pretexto es el terrorismo.Y en el caso de la expulsión ‘policial’ de Mourinho, el pretexto es el temor a desórdenes públicos como los que desembocaron en las tragedias de Heysel y Hillsborough, ambas con el Liverpool como principal víctima. Como decía Franklin Delano Roosvelt, a lo único que hay que tener miedo es al miedo mismo... Los ciudadanos tienen derecho a que los gobiernos y los servicios de inteligencia hagan todo lo posible para neutralizar a los terroristas, pero sin crear un estado policial ni acabar con libertades que ha costado mucho conquistar. Y los hinchas de fútbol tienen derecho a ir tranquilos los partidos, pero sin que el jefe de la policía saque las atarjetas rojas y el pobre Mourinho, con sus virtueds y sus defectos como todos, sea tratado casi como un terrorista. RAFAEL RAMOS.

Friday, February 25, 2005

2056

2056.

Queridos todos: Los intentos desesperados para que mi cien cumpleaños pasara desapercibido resultaron vanos. No podía ser de otra manera, dado el empeño que algunos mostrasteis y vuestra conspiración con Lady T. Para los demás, que por razones de distancia e imponderables de todo tipo no participasteis en el espectáculo (en especial quienes os encontrais en la cárcel o bajo arresto domiciliario), os adjunto un pequeño videorecuerdo codificado para complicar un poco la vida al estado protector (supongo que teneis ya el WINDOWS 2054, indispensable). Como podeis comprobar, la estéticocirugía genética que me recomendó el médico, con ‘look’ principios de siglo, ha sido un éxito, y las chicas jóvenes (o que lo parecen) me guiñan el ojo por la calle igual que cuando tenía cuarenta años. La procesión sin embargo va por dentro, como los centenarios sin duda sabeis. Ahora que hay cura para casi todas las enfermedades, excepto las tropicales de nuevo cuño, supongo que llega un día en que uno se cansa de vivir y tiene la sensación de haberle visto ya todo. O simplemente se desconecta, porque se siente fuera de lugar en un mundo tan cambiado, tan violento, y añora aquella libertad y desenfado que teníamos cuando éramos más jóvenes y más felices.
Pero vayamos por partes. Mi adorada Lady T, que me aguanta desde hace la friolera de cincuenta y seis años, me llevó a ver la última película de Katherine Moon (la hija de Javier Bardem y Natalie Portman) al nuevo multicine de cien pantallas cuatridimensionales en el D.L.E (Distrito Libre de Emigrantes). La verdad es que no había mucho donde escoger, porque por lo menos noventa cintas eran de animación o con actores digitales, que es lo que le gusta a la juventud. ¡Qué tiempos aquellos, cuando existía cine español, francés, italiano, incluso tostones de arte y ensayo, en vez del comecocos con mensaje político que nos encasqueta Hollywood!. En el puesto de control de la Avenida de la Autoridad (antigua Finchley Road) había barullo porque unos ciudadanos de segunda del D.M (Distrito Mixto) querían pasar, y casi llegamos tarde. No sé cómo va a acabar todo esto. Pensábamos picar algo antes del cine, pero ya no nos dio tiempo. (Un inciso antes de seguir, el bar de tapas en la esquina de la Autopista George W.Bush y el Bulevar de La Lucha Contra el Terrorismo ha sido cerrado, porque al parecer una inspección encontró que las croquetas tenían un 0.0003 por ciento más de grasa que la autorizada por la nueva Directiva de Alimentación, y que el pastel de chocolate estaba hecho con azúcar auténtica (¡aberración!). Menos mal que Lady T. y yo tenemos nuestros suministradores de extraperlo, que cuestan una pasta pero nos permiten darnos de vez en cuando un festín de jamón serrano, salchichón de Vic, angulas de aguinaga, vino y otros productos prohibidos, aunque el ministro diga que nos estamos quitando años de vida y no tenemos derecho a que nuestra puesta a punto le cueste al estado un dinero que podría dedicar a la lucha contra el terror). Mi amigo Eric (muchos lo conoceis) está que trina porque le ha llegado por correo una multa de trescientos euros de los nuevos por estar gordito. Os cuento a quienes teneis la suerte de vivir en países menos autoritarios: el gobierno de coalición del Labour con la ultraderecha nacionalista, dentro de la campaña contra la obesidad y el colesterol, ha instalado en el pavimento de las aceras unos sensores que transmiten tu altura y tu peso a una central de datos privatizada, y si te pasas más de diez kilos del que te corresponde según los Estándares Nacionales de Bienester, multa al canto...
Lady T. dice que me he vuelto todavía más gruñón de lo que siempre he sido, pero es que parece mentira... Desde que las Maldivas quedaron sumergidas –y de esto hace ya más de un año-, seiscientas mil personas tienen que vivir en megaplataformas marinas situadas en aguas internacionales (y con anuncios de fosforescentes de TESCO para que se vean desde los aviones), porque ningún país acoge ya a refugiados, y sin embargo el presidente Patrick Arnold Schwarzenegger acaba de dedicar un cuatrillón de dólares occidentales (no dólares chinos, que están por las nubes) para la construcción de las tan cacareadas bombas nucleares inteligentes que sólo matan a las personas con un determinado código genético (es decir, no a los blancos). Desde que el Movimiento para la Salvación de África se cargó de un golpe a todos los jueces del Tribunal Supremo norteamericano... Pero por supuesto nada de ayudar a un continente convertido en desierto por el calentamiento de la atmósfera, donde miles de personas mueren al día de hambre porque en la arena no se cultiva nada, y la acidificación de los océanos ha acabado con la pesca...
¿Dónde estaba, que se me va la cabeza? (deben ser los años, que a pesar de mi juvenil aspecto no pasan en vano). ¡Ah, sí!. Que entre unas cosas y otras casi llegamos tarde al cine, porque después de todos los indidentes callejeros resulta que me olvidé la nueva pulsera eletromagnética de identidad que se supone que debemos llevar a todas partes, y dio la mala suerte de que el robot de la taquilla me la pidió para recoger la entrada en un exceso de celo profesional. Además, Lady T. Se empeñó en buscar una moneda de veinte euros para un músico que tocaba canciones prohibidas de principios de siglo, y en firmar una petición contra la guerra a Brasil y Argentina que va a emprender Washington cualquier día de estos, para controlar la región estratégica del Iguazú y regalar agua a la Entidad Autónoma del Golfo (lo que en mis tiempos, y en los de muchos de vosotros, eran Arabia Saudí, Irán e Iraq, ahora unidos en la sumisión al Tío Sam desde que cayeron los ayatolas y la Casa de Saúd, y gobernados por títeres de la Nueva C.L.A –Central de Desinteligencia Americana- que exprimen sus últimos barriles de petróleo). Hay cosas que nunca cambian...
La película, por supuesto, era un pretexto para que os presentaseis en casa y al encender la luz os encontrara a todos cantando el ‘cumpleaños feliz’. Gracias, fue una gran sorpresa y una velada memorable, en la que participasteis tanto los presentes como los ausentes. El corazón se me encoge cada vez que pienso en Paco, que nos dejó el año pasado víctima del nuevo tipo de malaria que plaga Europa por culpa del calentamiento de la atmósfera, y para la que aún no se ha encontrado un antídoto genético. El fin de semana pasado visité en la cárcel a P.R., que se niega a pagar una fianza o confesar el delito de ‘ofensa a la madre patria’ de que se le acusa por el famoso artículo que escribió en el ‘Independent’. Idealista como siempre, va a cumplir la condena de un mes de prisión y seis meses de arresto domiciliario sin acceso a Internet que le impuso el ministro del Interior (¡qué tiempos aquellos, cuando había jueces independientes, jurados y la posibilidad de apelar las sentencias!). Estaba de buen humor (‘son unas vacaciones pagadas’), y os manda saludos.
El videorecuerdo codificado, última tecnología ‘Halliburton’ – que ahora tiene el monopolio de la tecnología y las comunicaciones-, habla por sí solo (igual que Balzac, que decía que detrás de toda gran fortuna hay un gran crímen). Nos lo pasamos bien. Tomamos un vino ‘Chateau Blair’ del 2007 sencillamente excepcional (una de las ventajas del cambio climático es que ahora tenemos en Inglaterra los mejores vinos y champáns del mundo), y luego un ‘Brut Rosado’ de Yorkshire del 2036 que dejaba en pañales a cualquier Dom Perignon. Mientras Burdeos y la Borgoña se asfixian de calor, por estas latitudes disfrutramos un clima como el que antes tenía Barcelona, inviernos templados y alegres, y veranos un pelín demasiado calurosos para mi gusto (pero entonces nos vamos al ‘cottage’ de Oban, aprovechando que las Tierras Altas de Escocia son la nueva Toscana, pero con acceso restringido a los turistas). Especialmente entrañable fue la presencia de mi bisnieta, venida desde San Francisco para la ocasión, con los gemelos ‘diseñados’ a imagen de semejanza de Joshua Jackson y Jude Law (los pobres estaban un poco incómodos porque acaban de ponerles las vacunas contra el sida, el cáncer y el infarto), y ese marido al que no puedo ver desde que sé que votó por Patrick Arnold Schwarzenegger en las últimas elecciones norteamericanas (reconozco que ha heredado las dotes de actor de su padre). Me había hecho mis ilusiones de que ganara el Partido de la Libertad, pero desde que se unieron demócratas y republicanos Estados Unidos me recuerda al Méjico del PRI, cualquier parecido con una democracia es pura coincidencia...

¿Planes?. La adorable Lady T. Me había regalado por sorpresa un crucero a Alaska por el Mar de Bering y la nueva ruta del Ártico que se ha abierto con el deshielo, pero la semana pasada nos informaron de que se había cancelado el viaje porque se están desintegrando unos icebergs gigantes en el círculo polar, y el nivel de las aguas ha subido tanto que resulta demasiado peligroso. Y no es cuestión de haber vivido tantos años, inmune a las enfermedades y los avatares de la vida, para acabar ahogado entre los restos de un barco llamado ‘Condoleeza Rice’... Haremos alguna aventurilla con los ahorros del Banco de Sabadell, el mayor del mundo tras la adquisición del ‘Citibank’, aunque todavía no sabemos a dónde. Israel y Palestina están muy de moda desde que hicieron las paces y Jerusalén –como ‘ciudad internacional’ bajo gestión de la NONU (Nueva Onu)- organizó las olimpiadas del año pasado. Pero me da pereza porque ya no estamos acostumbrados a ese calor, y menos aún desde que vivimos la mitad del año cuidando nuestros viñedos de Escocia. El ‘Afrotúnel’ que une Gibraltar (provincia de Cádiz) con Ceuta (provincia de Marruecos) es un gran avance, pero todo el continente africano está imposible con el terrorismo, igual que buena parte de Asia. Vamos con frecuencia a Andorra, Catalunya y Euzkadi (como bien sabeis los que vivís allí y nos dais hospitalidad), que como miembros de la Unión Europea no requieren pasaporte ni visado. Pero no pisamos España Auténtica desde que se desgajó de la UE y es gobernada por tres copríncipes: el presidente de la Conferencia Episcopal, un Borbón y un miembro de la dinastía Agag-Botella. A mis años uno está de vuelta de todo, pero se me pusieron los pelos de punta al ver por la BBC las imágenes de cien mil personas en el Estadio Nacional Jose María Aznar pidiendo la prohibición de los condones, anticonceptivos, sexo cibernético y máquinas del orgamo, y exigiendo que nadie pueda acceder a la universidad sin recitar de memoria el Nuevo Testamento y los sermones de Juan Pablo II. Mis hermanas me cuentan que el país está dividido y al borde de una guerra civil, como la de Estados Unidos en el 2036, que ganó la ‘mayoría moral’ y acabó con el viejo partido demócrata. Y no sólo por divergencias políticas, sino porque el sediento sur quiere el agua del húmedo (ya no tanto) norte. Catalunya se fue a tiempo, si no el Ebro sería ahora la piscina del Vaticano...
(Hago una pausa, el ordenador me advierte de un intento no autorizado de penetración por los servicios de inteligencia de la España Auténtica)
Sigo, una vez neutralizado el enemigo gracias a los antivirus que me instaló Marcelino. Hablábamos de planes. Vayamos a donde vayamos, primero tenemos que pasar por la paliza de renovar el documento de identidad con el iris del ojo y toda la parafernalia, el microchip del cerebro y la tarjeta magnética del tobillo. Luego debemos ‘registrar’ nuestro recorrido en el Ministerio del Interior, pasar la revisión antiobesidad, antialcohol y antidroga, sacar el carnet internacional para coches eléctricos (a buenas horas mangas verdes, cuando el planeta se está ya desintegrando) y obtener los permisos de transporte de Simón, el asistente personal robotizado que nos ha asignado la Seguridad Social en virtud de la edad. Al principio éramos un poco reacios, pero confieso que nos hemos vuelto robodependientes y contamos con Simón para escribir y transmitir los artículos, para que nos recuerde las múltiples pastillas que hemos de tomar, lleve el calendario de partidos de fútbol, maneje la televisión megaplasma multidimensional de pantalla gigante, enfoque el satélite del tejado, haga las llamadas telefónicas e incluso prepare la comida excepto cuando nos da por ser un poco creativos. Simón hace el penne alla arrabiata, el rissoto de frutti di mare y el pescado a la sal como un chef de primera, y, aunque sospechamos que es agente del MI6, reconozco que le hemos cogido cariño. Mucha burocracia para viajar, en cualquier caso. Si resulta excesiva cogeremos el nuevo tren ultrasómico elevado que va de Londres a Glasgow en cuarenta y cinco minutos, y nos iremos al ‘cottage’ de Oban a encender la chimenea, pescar merluzas y lubinas genéticas de lago (que no son tan sabrosas como las de antes), ver los partidos de la Liga Europea (donde el Barça va tercero, a cuatro puntos de la Sociedad Republicana de Donosti y a dos del Luxemburgo), echar un vistazo a LA VANGUARDIA DIGITAL (el periódico con más lectores de todo el mundo, acaba de pasar al NEW YORK TIMES) y releer los grandes clásicos de principios de siglo: Ruiz Zafón, Thomas Keneally, Colm Toibin, Pérez Reverte, John Le Carré, Dan Brown, David Mitchell...
Supongo que la nostalgia es cosa de los años. De jóven, cuando veía películas de los 1960 y 70 en la filmoteca del South Bank, me parecía un mundo tan inocente y tan feliz. Y ahora, ya centenario, las viejas novelas y los documentales de televisión que se cuelan entre tanta telebasura y programas de sexo real me hacen recordar los viejos tiempos como una época idílica, en la que éramos muchos más libres a pesar de las enfermedades, y de las guerras, y de que no podíamos escoger el sexo de los hijos, ni que se pareciesen a actores y actrices de cine, ni evitar que heredasen las alergias y otros fallos congénitos. Pero disfrutábamos de la naturaleza, el clima era más benigno, la Corriente del Golfo calentaba Europa, el desierto del Sahara no llegaba hasta la meseta castellana, había agua en abundancia, no teníamos miedo ni microchips bajo el cuero cabelludo, se viajaba sin apenas restricciones y los estados no se metían en nuestras casas ni controlaban nuestros más mínimos movimientos. ¡E Inglaterra era una monarquía!. ¿Cuánto hace ya desde que Guillermo abdicó del trono para casarse con una actriz porno, nos hicimos república federal, el Palacio de Buckingham pasó a ser residencia del primer ministro, adoptamos el euro, y Escocia y el País de Gales pasaron a ser estados libres asociados, igual que Aragón y Quebec?.
Esas maravillas que son el cine, la literatura y los recuerdos me hacen pasar que el envoltorio cambia, pero las cosas realmente importantes son eternamente iguales. Plus ça change, plus ça ne change rien... Que los políticos siempre han mentido como bellacos, y lo seguirán haciendo. Que la explotación colonial ha existido siempre, ya sea para apoderarse del oro de los incas, el té de los indios, las especias del Oriente, el petróleo o ahora el agua. Que ha habido y habrá guerras con los pretextos más burdos, vendidas como cruzadas por la libertad y la democracia a una opinión pública ignorante y manipulable, a través de medios de comunicación comprados por el establishment. Que las fuerzas reaccionarias siempre encuentran la manera de regenerarse, como esos cangrejos a los que les cortas una pata y crece de nuevo, todavía más grande y robusta. Que las grandes corporaciones son y serán egoístas –meras proyecciones de los individuos-, y no les importa la polución, los agujeros en la capa de ozono, el deshielo de la Antártida y el envenaniento de los océanos con tal de ganar dinero ahora y aquí, los problemas ya los resolverán otros... Que el poder corrompe y los poderosos necesitan utilizar su fuerza. Que como decía Hobbs, el hombre es un lobo para el hombre. Homo homini lupus...
Sí, supongo que ahora que vivimos tantos años, y vemos tantas cosas que nos suenan a repetidas, uno se acaba aburriendo, acude al eutanasta de la Seguridad Social (excepto en los países retrógrados y fundamentalistas como Estados Unidos y España Auténtica), dice adiós, se despide y apaga la luz. Supongo que a mí también me pasará algún día, pero por el momento disfruto todavía contemplando desde las alturas del tiempo el circo inmutable de la humanidad, con las mismas pasiones, celos, envidias, traiciones, egoísmos, miedos, amores y odios que ya relataron tan bien Aristóteles, Cervantes, Shakespeare, Homero y Cicerón, y que no han cambiado un ápice con la revolución tecnológica y el estado protector. Me siento a veces como aquel poeta persa que escuchó de boca de los sabios todas las grandes teorías del conocimiento humano, y luego dío media vuelta y se marchó inmutable por la misma puerta por la que había entrado... Y si algún día siento dudas, no tengo más que escuchar a Jessica y mirar a Lady T., tan guapa y entusiasta como siempre, para devolverlas a lo más profundo del corazón y del cerebro, allí donde no llegan ni siquiera los microchips de los servicios de inteligencia.
Pues bien, como decía hace un siglo el presentador de la CBS Walter Cronkite tras relatar el asesinato de Kennedy y la conquista de la luna (ahora se va en Easyjet), that’s the way it is. Así son las cosas. Gracias por venir a la fiesta centenaria de cumpleaños, por los regalos y las felicitaciones. Y a los viejos como yo, no os dejeis consumir por la morriña. Como dicen los árabes, no lloreis, porque vuestras lágrimas no harán más caudaloso el Nilo. RAFAEL RAMOS.

Thursday, January 13, 2005


Rafael Ramos con una víctima de los abusos en la Base Militar X, tras su puesta en libertad. Posted by Hello

Wednesday, January 12, 2005

Queridos Reyes Magos

Mis protestas en la estafeta de correos no me llevan a ninguna parte. El paquete que envié a Jessica en Nuevo México antes de Navidad no aparece ni aquí ni allá, a pesar de que era urgente y certificado. Se ha esfumado por arte de birlibirloque en el triángulo de las Bermudas, o algo parecido. Mi caso no es el único, explica el encargado. No sabe qué ha pasado estas fiestas, pero se ha perdido un montón de correspondencia. Al cabo de una hora larga de cola y discusiones acaloradas me voy dando un portazo. Sólo falta que llegue tarde a la conferencia de prensa convocada por Amnistía Internacional.
Bostezo ostensiblemente, y de vez en cuando tomo alguna nota, mientras la portavoz del grupo humanitario denuncia la detención injustificada de tres ciudadanos del Oriente Medio, probablemente de Yemen u otro país del Golfo Pérsico, de acuerdo con los poderes especiales concedidos al gobierno por la legislación antiterrorista, sin presentación alguna de cargos contra ellos ni el derecho a consultar con un abogado. Melchor Hussain, Gaspar Amin y Baltasar Akimbiy, cuyos pasaportes no han aparecido, despertaron las sospechas de una patrulla de los marines en Afganistán al exceder el límite legal de velocidad en las afueras de Kabul, y han sido trasladados a la Capital del Imperio en un avión Hércules C-130, junto con los tres camiones que conducían en el momento de su detención, cargados con todo tipo de mercancías (osos de peluche, muñecas, juguetes múltiples, plumas, libros, fotografías, lingotes de oro y sustancias que un primer análisis ha detectado como incienso y mirra, aunque no se descarta que se trate de productos químicos para la fabricación de artefactos explosivos). La policía asegura haber encontrado en el navegador de los vehículos mapas con instrucciones precisas para llegar a la Casa Blanca, Downing Street, el Palacio de la Moncloa, la sede del PP en la calle Génova, las cuevas de Tora Bora, el Palacio de Buckingham, La Masía del Barça, el Estadio Bernabeu, el Palacio del Elíseo, la residencia de David Beckham, el Palazzo Chigi y numerosas direcciones particulares en los cinco continentes que se va a proceder a investigar sin demora.
La portavoz de Amnistía denuncia con vehemencia las irregularidades y abusos del caso, así como el creciente deterioro de las libertades civiles con el pretexto de la amenaza del terrorismo, y pide a la prensa internacional que difunda la noticia y presione para la liberación de Hussain, Amin y Akimbiy. No se me ocurre la manera de ‘vender’ la noticia, con todas las páginas ocupadas por la tragedia del tsunami, la visita del ministro de Asuntos Exteriores a la región y la crisis interminable del Oriente Medio. ¿A quién le importan tres detenidos más, cuando casi setecientos se encuentran todavía enjaulados en Guantánamo, y ni siquiera las torturas de Abu Grahib hicieron que Bush perdiera las elecciones?. Aún así recojo una de las carpetas de prensa amontonadas sobre la mesa de la entrada, con las fotos de las tres víctimas. Dos son blancos, de tez mediterránea, y uno negro como el tizón.

En el ordenador del despacho, ocioso, introduzco en el buscador de Google los nombres de los tres detenidos, por si suena la flauta. Aparece en la pantalla una retahíla interminable de historias y leyendas relacionadas con los Reyes Magos, y tan sólo entonces caigo en la coincidencia de que el trío de sospechosos utilice los pseudónimos de Melchor, Gaspar y Baltasar. Algo huele a chamusquina. Las llamadas al gabinete de prensa del Ministerio de Interior no conducen a ninguna parte, y las agencias se limitan a reproducir las denuncias de Amnistía Interncional y las declaraciones del gobierno. Por suerte, como en las películas, tengo un amiguete bien situado en el Departamento de Lucha Antiterrorista de la policía que me debe un par de favores gordos. Le pregunto dónde se hallan las detenidos, y me da el nombre de una conocida cárcel de máxima seguridad. Le propongo que me facilite el acceso a ellos, aunque sea un minuto, y se desternilla de risa. ¿Acaso me he vuelto loco?. Me hago el ofendido ante su ingratitud y cuelgo el teléfono. Al cabo de un par de minutos me llama y me dice que mañana irá con los forenses al hangar de la Base Militar X, para examinar el contenido de los camiones confiscados en Afganistán. Si me interesa puedo acompañarlo, pero sin hacer preguntas ni revelar bajo ninguna circunstancia mi identidad de periodista. Todo es secreto de estado. Me quedo mirando al techo, sin poder creer mi buena suerte.

La base se halla a un par de horas de la capital. Atravesamos los campos cubiertos de rocío en un monovolúmen de cristales ahumados, entre las brumas del amanecer, con un ‘capuccino’ en la mano, sin apenas intercambiar palabras. Mi amigo me ha conseguido una acreditación como experto en sustancias biológicas por una prestigiosa universidad, y nadie del grupo cuestiona mi autoridad ni se interesa por mi trabajo. Lo primero que distingo en la lejanía son los gigantescos radares y antenas parabólicas de la instalación militar. El vehículo se detiene ante una verja metálica con una garita. El soldado, tras consultar la lista de visitas esperadas e intercambiar unas breves palabras con el conductor, nos da luz verde. A través de los cristales empañados de la ventanilla distingo la pista de aterrizaje, media docena de cazas, un avión Hércules de transporte, inconfundible por su enorme panza, dos edificios chatos en forma de ele de donde salen y entrar militares, las barracas, la cantina, el comedor, un pequeño huerto y un corralillo con media docena de ovejas y tres camellos, tumbados sobre el césped con aire indolente, sin que la fina lluvia que ha empezado a caer parezca molestarles lo más mínimo. Aparcamos delante de un hangar.

El encargado de la operación nos obliga a ponernos mascarillas y sumergirnos en escafandras como de astronauta, para protegernos de posibles sustancias químicas y biológicas. Se abren las compuertas y aparecen ante mis ojos los tres enormes camiones ‘Mercedes’, con doble matrícula de Yemen y Omán, la compuerta trasera abierta y unos pequeños taburetes para acceder al compartimento de carga. Los forenses y agentes antiterroristas se dividen en grupos y empiezan a hurgar con sus detectores entre muñecos de los ‘Increíbles’, osos ‘Winnie the Pooh’, microscopios de juguete, videojuegos, bicicletas, patinetes, consolas, futbolines, balones, coches teledirigibles, casas de muñecas, bolsos de Loewe, chaquetas de Adolfo Domínguez, abrigos de Zara, ‘manolos’ que cuestan un congo, cremas de La Mer y Natura Bissé, estéreos, cascos de moto, vajillas, esculturas de Lladró, botellas de vino, libros de cocina, plumas Montblanc, relojes Hamilton, radios Sony de onda corta, zapatillas Nike, ropa interior de La Perla, joyas de todo tipo, perfumes, paraguas, bolsas de ‘Harrods’, ‘Bloomingdales’ y ‘Macys’, paquetes de ‘Harvey Nichols’, ‘El Corte Inglés’ y ‘Marcus Neimann’... Mi amigo supervisa, mientras sus colegas abren las bolsas, exploran los forros de la ropa, desguazan los juguetes, desmontan radios y relojes... Se me saltan las lágrimas de pena.
Uno de los agentes abre una bolsa llena de cartas, y las deja abiertas y desperdigadas después de comprobar con sus guantes estériles que no llevan dentro ántrax u otra sustancia parecida. Miro los remites y, lleno de curiosidad, me pongo a leerlas:

‘Queridos Reyes Magos: Soy George W. Bush, y creo que este año he sido bastante bueno a pesar de la mala prensa internacional que tengo. He regalado la libertad y la democracia a Iraq sacrificando más de mil soldados norteamericanos en la causa, y he dedicado todo mi esfuerzo y energía para ganar las elecciones en nombre de Dios, la religión y todos aquellos que se oponen al libertinaje sexual y el socialismo. Como premio os pido unos barrilitos del mejor petróleo de Iraq, en edición limitada, para poner en la bodega de mi rancho de Crawford; una foto enmarcada en la que aparezco trinchando el pavo del Día de Acción de Gracias sobre la cubierta de un portaaviones, haciendo creer que estaba a las puertas de Bagdad; la cabellera de Dan Rather, ahora que CBS le ha cortado la cabeza por mentir sobre mi servicio militar; una caja de galletas María, con las que me han dicho que uno no se atraganta; y una botellita de whisky ‘Glenmorangie’, de dieciocho años, para cuando Laura no me vea’.
Dentro del sobre encuentro una tarjeta con la firma de Melchor: ‘Querido George: ya sé que estás convencido de que eres un buen chico, pero la verdad es que te podrías haber portado mejor. Espero que te guste este video de ‘Farenheit 9/11’ dedicado especialmente para ti por Michael Moore, la camiseta de ‘Halliburton’ para cuando salgas a hacer jogging, un laboratorio de juguete con una colección de probetas para que experimentes el efecto de la emisión de carbono sobre la capa de ozono, un pino de Alaska antes de que procedas a cortarlos todos, una colección de fotos de Falluja antes y después del bombardeo, y los textos de la Declaración de Derechos Humanos, la Carta Fundacional de la ONU y el último informe de Amnistía Internacional. Y sobre todo, pórtate mejor’.

En el remite de la siguiente carta aparece el número 10 de Downing Street:
‘Queridos Reyes Magos: Este año he sido más bueno que nunca, a pesar de las calumnias que aparecen en ‘The Independent’ y ‘La Vanguardia’. El otro día fui a confesarme y no se me ocurrió ningún pecado que contarle al padre Smith. Os pido como regalos un adelanto editorial de mi futura autobiografía, titulada ‘Tony Blair, el Churchill del siglo XXI’, si es posible encuadernada en oro; una biblia de bolsillo para cuando vaya a visitar a Silvio a la Cerdeña; una camiseta del Newcastle, que es mi equipo de fútbol, firmada por Alan Shearer y Patrick Kluivert; un manifiesto del nuevo laborismo; un sobre con dinerillo (ya sé que suena un poco cutre, pero mi abuela siempre me lo daba) para pagar la hipoteca de la nueva casa de Connaught Square que Cherie se ha empeñado en comprar, y que no conseguimos alquilar de ninguna manera; ¡Ah, sí!, y sobre todo la victoria en las elecciones de mayo, y un buen lugar en la historia cuando finalmente me retire como primer ministro.
P.D: No me gusta ser chivato, pero la verdad es que mi vecino Gordon Brown ha sido muy malo este año, conspirando todo el rato, y creo que no se merece ningún regalo’.

Nota garabateada por Melchor: ‘Querido Tony: A veces te crees más bueno de lo que realmente eres, y ves la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Espero que disfrutes de esta biografía no autorizada de Gordon Brown, en la que afirma que nunca más se creerá una palabra de lo quedices; el informe de Lord Butler sobre la guerra de Iraq, que si lo lees con atención te iluminará bastante; los ensayos de Santo Tomás de Aquino sobre la humildad; un ejemplar de la ‘Teoría de la Razón Pura ’ de Kant y las memorias de Clement Atlee, que como sabes es el creador del estado del bienestar británico, para las vacaciones en Barbados y la Toscana en casa de tus amiguetes millonarios; una camiseta firmada por los presos de la prisión de Belmarsh (el Guantánamo inglés) ; y un paquete de carbón sintético, no contaminante, para la chimenea del nuevo piso, a ver si así lo alquilas más fácilmente. ¡Y esfuérzate en ser más bueno!.

Dentro del mismo sobre aparece otra carta: ‘Queridos Reyes. Soy Cherie, la mujer de Tony, y me gustaría que me trajerais un bonito conjunto de Christian Lacroix para las cenas del Colegio de Abogados, una vajilla para la casa nueva, y el DVD con todos los episodios de la primera tenporada de ‘Amas de Casas Desesperadas’ (Desperate Housewives), el nuevo culebrón que está causando furor en los Estados Unidos y los conservadores quieren censurar poque contiene escenas de sexo en la aburrida y apacible vida de los suburbios. Pero si este año no vais bien de dinero, no hace falta que me deis nada, prefiero que seais generosos con mi marido’.

Respuesta de Melchor: ‘Querida Cherie: No hemos encontrado ningún modelito de Lacroix porque están muy cotizados para los Oscars, pero a cambio te dejamos una toga para que luzcas en los tribunales. También la vajilla y el DVD, ya que te has portado bastante bien, sobre todo al atreverte a criticar la actitud del amigo George (Bush) hacia las libertades civiles. Y ata un poco más corto a Tony’.

Las cuatro siguientes cartas, unidas por una cinta de plástico, llevan matasellos de Madrid.

‘Queridos Reyes Magos: No sé si me conoceis, pero me llamo Jose Luis Rodríguez Zapatero y soy presidente del gobierno español. Ha sido un año muy duro, pero creo que me he portado bastante bien y os pido el video de Bambi (los Aznar se llevaron el DVD que había en la Moncloa), que es mi película favorita, y un balón firmado por Frank Rijkaard y toda la plantilla del Barça’.
Nota de Baltasar: ‘Querido Jose Luis: Desgraciadamente ‘Bambi’ está desde hace tiempo fuera de circulación. A cambio te mandamos una primera edición original de ‘El Príncipe’ de Maquiavelo para que lo leas en los ratos libres. Te vendrá muy bien. Espero que te guste esta pelota del Chelsea, firmada por José Mourinho, que como sabes fue traductor y asistente del Barcelona sin que nadie supiera apreciar sus cualidades como entrenador’.

‘Queridos Reyes Magos: Soy Mariano Rajoy, y a estas alturas debería ser presidente del gobierno español si no fuera por la cadena Ser... Imagino que el cardenal Rouco, que es amigo mío, os habrá chivado lo bueno que he sido en las circunstancias tan difíciles con que me ha tocado lidiar. En consecuencia os pido una bandera de España tan grande como la de la Plaza de Colón, una historia de España ‘una, grande y libre’, un toro de Osborne para poner en el jardín de mi casa (lo podeis sacar de cualquier carretera de España), una réplica de la cruz del Valle de los Caídos y el último disco de Raphael’.

Respuesta de Melchor. ‘Querido Mariano: como las banderas e historias de España se han agotado en Madrid, dejamos en tu chimenea una copia del Plan Ibarretxe, para que lo vayas leyendo, un tratado de derecho constitucional con el capítulo sobre los estados federales subrayado en rojo, el borrador del proyecto del nuevo Estatut de Catalunya, el texto de la ley sobre matrimonios homosexuales y la biografía de Carod Rovira. No nos ha parecido correcto llevarnos por la cara un toro de Osborne, pero a cambio aquí tiene un botecito con arena manchada de chapapote que hemos sacado de las playas de tu querida Galicia. ¡Sé bueno!’.

‘Queridos Reyes Magos: Soy Jose María Aznar, ex presidente de España (me fui por voluntad propia, que conste), amigo de Bush y coliberador de Iraq. Este año, como todos los anteriores, he dado ejemplo de bondad a los ojos del mundo entero, y como humilde premio os pido la foto de las Azores enmarcada en un estilo que le guste a la Botella (la Casa Blanca todavía no me la ha enviado, a pesar de que se lo he dicho varias veces a George), la doctrina neocón traducida al castellano (se vende en las librerías de Washington, pero sólo en inglés), una selección de cintas con las mejores tertulias de la Cope, los recortes del ‘Hola’ y las revistas del corazón sobre la boda de mi hija Ana, para poner en el álbum, y una camiseta del Real Madrid. ¡Ah, y espero que el rey Gaspar no tenga nada ver con Llamazares. Ja,ja.ja!’.

Respuesta de Melchor. ‘Querido Jose María: La foto de las Azores nos ha parecido demasiado vulgar, así que te dejamos esta otra en la que acompañas a Mariano Rajoy en la calle Génova, tras anunciarse los resultados de las elecciones del 14-M. Espero que te guste este video con los mejores goles y regates de Ronaldinho, patrocinado por ‘El Mundo Deportivo’, una gramática y diccionario de inglés para que te ayude a pronunciar tus conferencias, una camiseta de la universidad de Georgetown, el informe de la comisión del Congreso sobre el 11-M y los DVDs de ‘La Pelota Vasca’ y ‘Mar Adentro’, para las noches en vela por culpa del ‘jet-lag’.

‘Queridos Reyes Magos: Soy Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y os pido la décima Copa de Europa, los documentos secretos que figuran en los Archivos Nacionales sobre la compra de árbitros (para destruirlos de una vez), un par de buenos centrocampistas y, aunque imagino las dificultades, otra esquina del Bernabeu para convertirla en oficinas y venderla a precio de oro’.

Respuesta de Baltasar. ‘Querido Florentino: La Copa de Europa de esta temporada ya tiene dueño, así que no te la podemos dar. Con todos los niños pobres que hay en el mundo, no me parece justo que pidas un par de centrocampistas, sobre todo cuando has despreciado a los que te habíamos dado. Te dejo en los calcetines un video de las jugadas de Makelele en el Chelsea y Morientes en el Mónaco, espero que los disfrutes. También una camiseta del Barça firmada por Eto’o. Lamentablemente no te podemos entregar los archivos secretos sobre Guruceta y otros árbitros, pero sí la inspección de Hacienda relacionada con la recalificación de la Ciudad Deportiva. Quiero que sepas que personalmente quedé muy ofendido con el espectáculo racista del partido contra Inglaterra en tu casa, y te aviso de que el año próximo, si se produce algo parecido, no habrá regalos’.

Los dos siguientes sobre que caen en mis manos vienen de Barcelona y los abro con curiosidad.

‘Queridos Reyes: Soy Joan Laporta, presidente del Barça. Ya sé que andais mal de pelas, así que os pido un par de jugadores prestados, no regalados, para compensar la mala suerte de tantas lesiones que estamos padeciendo. Tacchinardi y Carew ya me irían bien. También os pido un viaje a Estambul en mayo, con todos los gastos pagados, para la final de la Copa de Europa, y un buen patrocinador para el club’.

Respuesta de Melchor: ‘Querido Joan: Efectivamente son tiempos de austeridad, y en este momento no te podemos conseguir ningún jugador. A cambio te ofrecemos un nuevo equipo médico, un botiquín de lujo, el teléfono de un especialista de Colorado en rupturas de ligamentos cruzados, y un nuevo césped para el Camp Nou traído especialmente de Escocia. Lo de Estambul está complicado, pero te regalamos un fin de semana en el Hotel Aldwych de Londres para la inauguración del nuevo estadio de Wembley, a fin de que rememores la única victoria del Barça en la Copa de Europa. Y una camiseta del Barça sin publicidad, para que veas lo bonita que queda’.

Queridos Reyes Magos: ‘Soy Ronaldinho y este año he sido bueno. Os pido un CD con sambas y bossanovas, la receta de la feijoada para cuando mi madre y mi hermana no estén en Barcelona, y una máscara para el carnaval de Rio’.

Respuesta de Gaspar: ‘Querido Ronaldinho: Pocos chavales han sido tan buenos como tú este año, así que en vez de la receta de la feijoada te regalamos el libro de Ferrán Adrià y una cena en ‘El Bulli’; en vez de la música brasileña, que está muy sobada, ‘El Segadors’ y una colección de sardanas; en vez de la máscara un cupón para ir al dentista y que te haga una dentadura nueva; y, lo que más apreciarás, un cargamento de esa goma elástica invisible que utilizas para pegar el balón a tu bota cuando regateas a los defensas’.

La siguiente carta trae matasellos de París.

‘Chers Rois: Je m’appel Jacques, presidente de la Quinta República francesa y heredero de hombres tan ilustres como Charles de Gaulle. Este año he sido un très bon garçon, y os pido unos palos de golf para cuando me jubile en la Costa Azul, un bañador de ‘Hermès’ para lucir en Saint Tropez, el video del discurso en el que anuncio al mundo que vetaré en cualquier caso la segunda resolución de la ONU autorizando la guerra de Iraq, y una cena en el ‘George’ del Centro Pompidou para charlar relajadamente con el corresponsal de ‘La Vanguardia’. À votre disposition, l’illustre Jacques Chirac’.

Contestación de Baltasar. ‘Querido Jacques: Quizás este año hayas sido bueno, pero en los anteriores has resultado una buena pieza. Lo de los palos de golf y el bañador es un poco prematuro, y te hemos dejado unos cascos, un reproductor pequeño de DVDS, una colección de clásicos de Hollywood y el tratado de Alexis de Tocqueville sobre la democracia americana, por si tu jubilación se desarrolla en una prisión de lujo, cuando se te acabe la inmunidad, y te aburres un poco... ¡Seguro que te apañarás para salir bien librado, pillín!. El video de tu discurso no lo hemos conseguido, pero sí el último de tu amigo Nicholas Sarkozy, que te hará ilusión. El restaurante ‘George’ está completo, pero aquí tienes cupones para comer tantas veces como desees en el Macdonald’s de los Campos Elíseos, el Pizza Hut de la Rue Rivoli y el Kentucky Fried Chicken que va a abrir en la Concorde, para que comprendas de una vez la excepción cultural yanqui’.

La siguiente carta viene de Roma. ‘Cari amici: Sono Silvio Berlusconi, presidente de la República. Este año he sido buonissimo, y os pido un nuevo canal de televisión, otro periódico, un crucero por el Caribe en el que yo amenice las veladas con mis canciones, una bimbo rubia que me dé masajes (podría ser la chica que lee el horóscopo en la RAI), éxitos para el Milan, unos cuantos jueces de repuesto por si se mueren los que tengo en el bote, y un vale para hacerme la cirugía estética –desgraciadamente me han quedado algunas arrugas, y tengo que quitarme michelines-. Un piacere, Silvio’.

Respuesta de Melchor: ‘Mira que eres presumido, Silvio!. El horno no está para bollos, así que habrás de conformarte con el estatuto de la BBC, para que sepas lo que es una televisión independiente; la colección de videos de ‘Sí, Ministro’; un CD con las canciones triunfadoras en el festival de San Remo; y la constitución de los Estados Unidos sobre la independencia entre el poder ejecutivo, legislativo y judicial. No te hemos conseguido ningún juez, pero sí un par de árbitros para que echen un cable al Milan en la Champions (la liga, siento decirlo, la pidió Agnelli para la Juve, y no podemos negarle su último deseo)’.

Observo de reojo que el ejército de forenses y policías especializados en lucha antiterrorista sigue hurgando en los entresijos de las muñecas y los osos de peluche en busca de ricino y microchips. Winnie the Pooh tiene un ojo morado y una brecha en la cabeza. A un hermoso panda le han rajado la barriga. El señor Increíble sufre una fractura en el hombro, y la señora Increíble llora desconsoladamente a su lado. El tren de juguete es un amasijo de hierros, la casa de muñecas paece que se la hubiese llevado por delante un tsunami, la sirena del coche de policía ulula atascada en un grito estridente. Las ambulancias no dan abasto. El panorama es sangriento al estilo de un grabado de Goya o una foto de Abu Grahib, montones de criaturas heridas, amontonadas como cadáveres en una fosa común. Abro una carta con matasellos de Windsor.

‘Queridos monarcas: Soy Isabel. Antes que nada, como miembros de la realeza, quiero invitaros a la boda de Carlos y Camila que se anunciará próximamente. Dicho esto, este año os pido una pamela de color violeta para las carreras de Ascot, un hijo adoptivo al que pueda dejar tranquilamente el trono, el informe de la ‘Surêté’ francesa sobre el asesinato de Diana en París (perdón, quiero decir la muerte accidental, ¡menudo lapso!), y entradas para ver ‘Mamma Mia’.

Respuesta de Gaspar. ‘Querida Isabel: Entiendo plenamente tu anhelo de un hijo en cuyo buen juicio puedas confiar, pero es algo que escapa a nuestros modestos poderes. A cambio te concedemos un sabueso mecánico que funciona con pilas digitales y caza zorros con tanta habilidad como los de carne y hueso, ahora que Tony Blair ha prohibido el deporte favorito de la aristocracia. Te dejamos debajo del árbol un vale firmado por Mohammed Al Fayed en persona para que compres todos los sombreros que quieras en las rebajas de Harrods, y de paso visites la capilla dedicada a su hijo Dodi; los informes sobre la muerte de tu nuera has de pedírselos a Jacques Chirac en persona, pero nosotros te dejamos una foto de Diana y Carlos el día de su boda en la catedral de Saint Paul’.

Busco más cartas para huir de la carnicería que se desarrolla a mi alrededor. Remite de una urbanización residencial de lujo a las afueras de Madrid.

‘Queridos Reyes: Soy David Beckham, y os pido un móvil último modelo con cámara fotografía y codificador de mensajes de texto, para que el ‘Sun’ y el ‘Mirror’ no se enteren de los piropos picantes que envío a mis novias. También quiero el escudo del Real Madrid tatuado en el trasero, un jacuzzi y una escultura gigante de Lladró en la que aparezcamos yo con un balón y mi mujer con un micrófono en la mano, para ponerla en el jardín de la casa de Inglaterra. Para Victoria me gustaría un tanga lo más sexy posible, que yo también me pueda poner (cuando se le pase el cabreo por mi ‘affaire’ con Rebeca). P.D: Como los regalos tal vez abulten demasiado, os propongo fletar un avión chárter para que me los traigais, con todos los gastos a mi cuenta, por supuesto’.

Respuesta de Baltasar. ‘Querido David: Eres tan chulo que sólo te mereces carbón (y además yo prefiero a Ronaldinho, sin que el color de la piel tenga nada que ver). Pero como soy compasivo te adjunto un curso de castellano y el último gran éxito editorial en España, ‘Cómo engañar a tu mujer sin que se entere’.

Los murmullos doloridos de los osos de peluche y los sollozos de las muñecas sugieren que las labores de tortura están tocando a su fin. Los agentes antiterroristas se felicitan por su exhaustiva labor, y se muestran sorprendidos de no haber encontrado bombas, armas nuclares, plutonio enriquecido, ántrax y otras sustancias prohibidas. Abro apresuradamente las dos últimas misivas.

‘Queridos Reyes: me llamo Carod Rovira y soy antimonárquico, pero mis compañeros de coalición me han dicho que no tengo nada que perder si os escribo. Sólo pido una cosa, la independencia de Catalunya. ¡Viva la República’.

Respuesta de Melchor. ‘Querido amigo Carod: Simpatizo con tus aspiraciones, pero no está en mi mano concederte el deseo que pides. Con un poco de suerte, tal vez un nuevo Estatut... En cambio te mando este bote de pastillas llamadas ‘seny’ (toma tres con cada tertulia de la Cope), fabricadas por ‘Pfizer’, la misma multinacional que produce el ‘viagra’. Te sentarán bien. Y díle de mi parte a Zapatero que te preste ‘El Príncipe’ de Maquiavelo cuando lo termine’.

El remite no se ve muy bien, pero parece de Pakistán. La carta dice así:

‘Queridos Reyes: Soy Ossama Bin Laden, y me encuentro perfectamente de salud. Os agradecería una nueva cámara de video para las películas que mando a Al Jezira, una linterna bien potente para cuando salgo de paseo por las cuevas de Tora Bora, una réplica en miniatura de las Torres Gemelas para adornar mi mesilla de noche, y un teléfono codificado como el de Beckham para que los yanquis no me localicen’.

Respuesta de Gaspar: ‘Querido Ossama: Nos inclinábamos a no dejarte ningún regalo. Pero en nuestra infinita generosidad aquí tienes una maquinilla para afeitarle la barba, una gorra azul del FBI y el mismo juego de fotos de Falluja que le hemos dado a Bush, para que seas consciente del estropicio que entre el uno y el otro habeis organizado’.

Salgo deprimido de la Base Militar X, sumido en oscuros pensamientos mientras la lluvia golpea los cristales ahumados del monovolúmen de regreso a La Capital. Mis compañeros de viaje, integrantes del aparato de seguridad del estado, conversan animadamente, comen bocadillos y beben cerveza, mientras narran orgullosos los puñetazos y las palizas que han propinado a diestro y siniestro. No me importa que Bush y Blair, Berlusconi y Chirac, la reina de Inglaterra y David Beckham se queden sin sus caprichos. Lo que siento es que no lean los mensajes que les han enviado los Reyes. Y sobre todo que a miles de niños no les lleguen los regalos. Aunque en los países ricos muchos de ellos, ultramimados y desbordados de presentes, ni siquiera se habrán dado cuenta.

UNOS MESES DESPUÉS, EN LA CUMBRE DEL G8.

Termino de hojear los periódicos mientras espero el discurso de clausura. El ‘Telegraph’ informa de que un alijo de valiosas joyas, bolsos de Loewe, chaquetas de Adolfo Domínguez y Zara, cremas de La Mer, pantallas Plasma de televisión, esculturas de Lladró, perfumes y antigüedades....... se venden a precio de ganga en los pubs de Belfast y Derry frecuentados por el IRA, sin que la Policía del Ulster tenga la más mínima idea de cómo ha llegado a poder de los paramilitares republicanos. Nadie ha denunciado semejante robo. ‘Por segundo año consecutivo decenas de miles de niños han echado a faltar sus regalos -dice ‘The Independent’ en la página 8-. Las protestas tienen colapsado el servicio de reclamaciones de Correos, mientras el gobierno echa la culpa de las misteriosas pérdidas de paquetes a los sindicatos y anuncia la privatización del servicio’.
En las pantallas de televisión del centro de prensa aparece por fin la imagen del LÍDER, con esa sonrisa que unos consideran diabólica y otros angelical. ‘Todos estamos de acuerdo –dice en tono severo- en que la principal tarea de nuestros gobiernos es proteger el derecho a la vida de los ciudadanos, por encima de cualquier otra consideración. El derecho a la libertad, a la ilusión, a la fantasía, a la imaginación, a la individualidad o a la búsqueda de la felicidad han de ser sacrificados en aras de la seguridad. El enemigo acecha y debemos hacer sacfrificios. Hemos decidido por consenso modificar el derecho internacional de manera que a partir de ahora...’.
Me ahogo. Salgo un rato a tomar el aire mientras el LÍDER habla y los periodistas toman fiel nota de sus palabras. En la calle, cercados por la policía, un grupo de manifestantes muestra pasquines con las fotos de Melchor Hussein, Gaspar Amin y Baltasar Akinbiy, y las palabras JUSTICIA y LIBERTAD’.

Regreso al interior y compruebo que el LÍDER continúa su discurso, en el mismo tono condescendiente y mesiánico: ‘...aunque no se hayan encontrado pruebas contra ellos, los detenidos constituyen una clara amenaza para la seguridad nacional y no pueden ser puestos en libertad. Que no apareciesen sustancias prohibidas en los múltiples registros es irrelevante. Se les detuvo en Afganistán, donde nadie va de vacaciones, sin pasaportes, con un alijo de bienes sobre cuya propiedad no han podido presentar recibos y que por tanto deben ser de contrabando, con direcciones como el 1600 de Pennsylvania Avenue, la calle Ferraz y Downing Street en el navegador de sus camiones. No hay que ser muy listo para sumar dos y dos. Los defensores de los llamados derechos humanos son unos ingenuos que no tienen la información de inteligencia que llega a mi escritorio cada mañana. Somos duros, pero al mismo tiempo magnánimos. Así que aprovecho esta cumbre del G8 dedicada a combatir la pobreza en el Tercer Mundo para anunciar que nuestros gobiernos democráticos, unidos en la generosidad, hemos decidido enviar un cargamento sin precedentes de juguetes a los niños víctima de las trágicas inundaciones que asuelan
estos días el África Ecuatorial...’.

Las cámaras abandonan la cara del LÍDER y muestran casas de muñecas, ambulancias, balones, futbolines, consolas, videojuegos, bicicletas, patinetes, juegos de mesa y todo tipo de muñecotes cuidadosamente alineados, con papel de regalo y lacitos de colores. En primera fila, con mirada estoica, veo a Winnie de Pooh, el ojo todavía morado y puntos en la cabeza. En una esquina reconozco a la familia de los Increíbles, él con el brazo en cabestrillo y aire de resignación, ella con gafas oscuras para ocultar las lágrimas, los niños cabizbajos. Al fondo distingo al pequeño oso panda de peluche, con una cicatriz mal curada en la barriga. Las luces del coche de policía todavía parpadean, en un tic víctima de la tortura que le quedará para siempre. Los aplausos y el murmullo de los periodistas indican que el LÍDER ha terminado de hablar. RAFAEL RAMOS.